España también gana la Champions del paro

Los expedientes de regulación de empleo comenzaron a asolar los hogares españoles en 2008. Durante 2009, el goteo se convirtió en chaparrón: los ERE se cuadruplicaron con respecto al año precedente, y más de medio millón de españoles se vieron afectados por uno. El sector inmobiliario vomitaba trabajadores a un ritmo frenético y creciente desde 2007: en total, perdieron su empleo 1,1 millón de trabajadores en 2009. Ese año, ante el estupor general, se rebasó con creces la cifra de cuatro millones de parados, lo que representaba un porcentaje del 20% de la población activa, algo impensable unos pocos años atrás. Y la situación iba a empeorar. España lideró la tasa de paro de la UE a finales de 2012, con un 27,2% y un total de parados inasumible: 6,2 millones de personas.

Bernardo Carrión

La serie histórica es escalofriante: en el segundo trimestre de 2007, la tasa de paro en España se situaba en el 7,95%, y el número de desempleados se mantenía por debajo de los dos millones de personas. Seis años después, en el primer trimestre de 2013, la tasa de paro había escalado hasta el 27,1% y la cifra de personas sin trabajo se elevaba hasta los 6,2 millones. Es decir, la tasa de desempleo creció en ese periodo casi 20 puntos, y más de 4 millones de personas pasaron a experimentar en carne propia las consecuencias de la crisis. A finales de 2014, la situación había mejorado ligeramente: 5,4 millones de desempleados para una tasa del 23,7%. La OIT estima que España no tendrá una tasa menor del 21% al menos hasta 2020. Los jóvenes y los parados de más de 45 años son las principales víctimas de esta crisis que ha llevado el drama y la pobreza a millones de hogares españoles.

Evolución de la tasa de desempleo en España entre 2008 y 2013. Fuente: Diario El País.

Evolución de la tasa de desempleo en España entre 2008 y 2013. Fuente: Diario El País.


Expulsados del sistema para siempre

Durante estos seis años, ciudadanos de clase media, con empleos bien remunerados, se fueron convirtiendo en desechos del sistema, en trabajadores irrecuperables para una economía incapaz de reabsorberlos. Las colas del INEM pasaron a ser noticia en los informativos, que mes tras mes levantaban acta de la sangría de puestos de trabajo. Muchos españoles de clase media que años atrás viajaban en vacaciones y mandaban a estudiar a sus hijos al extranjero se vieron abocados a vivir de la caridad de los comedores sociales. En paralelo a la destrucción de empleo, el mercado laboral se fue precarizando. La crisis ha sido la excusa perfecta para bajar salarios a trabajadores aterrorizados por la posibilidad de perder sus empleos.

La OIT estima que España no tendrá una tasa menor del 21% al menos hasta 2020.

El colectivo más castigado por el desempleo es el de los menores de 25 años. En 2007, la tasa en este segmento de población era del 17%. A finales de 2014 se había multiplicado por tres y afectaba al 51,8% de los jóvenes para un total de 813.000 parados. Demasiadas personas a la espera de poner en marcha un proyecto de vida, de rentabilizar esos títulos universitarios y másteres por los que se sacrificaron durante años.

Fuga de cerebros

La fuga de cerebros también ha ocupado mucho espacio en los medios de comunicación. Si durante los años de la bonanza económica los inmigrantes llegaban a España para buscar trabajo, apenas una década después eran los universitarios españoles los que abandonaban un país incapaz de absorber su talento. Muchos han comenzado a vivir lo misma experiencia que afrontaron sus abuelos, que emigraron en los años cuarenta del siglo XX ante la falta de perspectivas profesionales.

Estudiantes en el campus de la Universitat Politècnica de València. Miles de ellos han tenido que emigrar para intentar encontrar un empleo acorde con su preparación, ya que en España les ha resultado imposible. Foto: Alberto Sáiz.

Pero si la situación de los jóvenes es precaria, hay otro colectivo que también sufre. De los 5,1 millones de españoles en situación de desempleo en julio de 2015, la mitad son de larga duración (llevan más de un año sin trabajo). Esta situación se recrudece entre los parados mayores de 45 años, ya que de estos, más de la mitad lleva dos años de brazos cruzados. Pero a diferencia de los jóvenes, este colectivo no tiene formación: siete de cada diez de los parados mayores de 45 años sólo acredita un nivel básico, lo que hace muy complicada su reinserción profesional. Muchos de ellos tienen familias a su cargo y reciben una magra ayuda mensual de 426 euros.

La austeridad mata

En el libro Por qué la austeridad mata. El coste humano de las políticas de recorte (Taurus, 2013) se analiza en profundidad las consecuencias de las políticas de recorte aplicadas en tiempos de crisis, que generan paro y miseria. David Stuckler, profesor de la Universidad de Oxford, especialista en salud pública y coautor de la citada obra, fue categórico en sus declaraciones al diario Público en junio de 2013: “Si las políticas económicas de austeridad se hubieran organizado como un ensayo clínico masivo, habrían sido rápidamente interrumpidas al acumularse las evidencias de sus mortíferos efectos secundarios”.

Colas de gente para recibir bolsas de alimentos repartidas por voluntarios del Banco de Alimentos en Valencia, en junio de 2014. Foto: Heino Kalis.

Stuckler y su colega Sanjay Bas, profesor de Medicina en la Universidad de Stanford, estudiaron durante una década los efectos psicológicos de las crisis en la población y de qué manera afecta a los ciudadanos la forma en que los gobernantes actúan ante éstas. Sus conclusiones han constatado un aumento del 20 por ciento entre los años 2006 y 2010 en el número de pacientes que acuden a los centros de atención primaria españoles con cuadros depresivos.

Estos investigadores aseguran haber descubierto que los índices de suicidio “se disparan paralelamente a los de desempleo, que multiplican las tasas de depresión a nivel nacional. Hemos determinado que un tercio de los que pierden su puesto de trabajo padecen depresión poco después. En España, entre 2007 y 2010 se suicidaron unos 400 varones más de lo previsto antes de los recortes, despidos y desahucios”.

Stuckley y Bas aseguran que en España, igual que en los demás países, “las políticas económicas y sociales tienen más incidencia en que unos vivan y otros mueran que cualquier fármaco, cualquier operación quirúrgica o cualquier seguro médico”.

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