La oportunidad del 15-M

Las revoluciones de principios de 2011 en El Magreb y su entorno mostraron el poder de las redes sociales para difundir informaciones, estimular estados de opinión, crear plataformas de contacto y organizar acciones de protesta. El impulso de la Primavera Árabe encontró campo abonado en la sociedad española. Internet facilitó la creación de grupos de indignados que aspiraban a cambiar el curso de los acontecimientos plantando cara al sistema. Juventud sin Futuro, Ponte el pie o Estado del Malestar fueron algunos de los movimientos que surgieron en la red, muchos de los cuales confluyeron en la plataforma ¡Democracia Real Ya! Esta intensa actividad digital empujó a los españoles a tomar las calles y cristalizó con el histórico movimiento del 15-M, una respuesta pacífica al sistema y a la clase dirigente.

Bernardo Carrión


Los españoles intensificaban su actividad reivindicativa no sólo en las redes, sino también en la calle. Las protestas sectoriales se sucedían en el calendario. El 30 de marzo de 2011, decenas de miles de estudiantes de todo el país se manifestaban simultáneamente en numerosas ciudades españolas por motivos más que legítimos: una obscena tasa de paro, unas funestas perspectivas laborales y la subida de las tasas universitarias.

El 15-M trajo consigo la Acampada Sol, que incitó a miles de indignados a tomar las plazas de las principales ciudades españolas. Imagen: Licencia CC Luis Fernández García.

Las miradas se volvieron hacia los partidos políticos mayoritarios y la banca. Ambos estamentos habían sido cómplices necesarios en el advenimiento de una crisis que la mayoría de la población —y no ellos— estaba empezando a padecer. Por eso, la convocatoria de la manifestación del 15-M se apareció como una oportunidad para cambiar las cosas.


Una jornada histórica

La jornada de manifestaciones que se vivió el 15 de mayo de 2011 en numerosas ciudades españolas hizo visible la indignación de la población ante el doloroso trance que estaba suponiendo la creciente pérdida de derechos y calidad de vida. La plataforma ¡Democracia Real Ya! y otras agrupaciones convocaron la protesta a través de las redes sociales. Mucha gente había salido a la calle en los meses previos, pero no de una manera tan sincronizada como en el 15-M. Para muchos fue una jornada hermosa, en la que el pueblo por fin protestaba unido contra los abusos de políticos y los banqueros.

Era tal la indignación que los manifestantes no tuvieron bastante con un día para explicar su respuesta al sistema. En Madrid, un grupo de 150 personas decidió pasar la noche en la Puerta del Sol en un intento de estirar la protesta. A la mañana siguiente fueron desalojados de la plaza por las fuerzas de seguridad. El efecto llamada ya estaba conseguido. En los días posteriores al 15-M florecieron nuevas acampadas en diferentes ciudades españolas, incluida la de Sol. Miles de personas en toda España se organizaron para dar una respuesta al sistema. Día sí y día también, imágenes de multitudes en plazas y calles abrían los telediarios. Hubo grupos radicales y manifestantes arrestados, pero la llama de la violencia no llegó a prender sino en escaramuzas aisladas.

En los días posteriores al 15-M florecieron nuevas acampadas en diferentes ciudades españolas, incluida la de Sol. Día sí y día también, imágenes de multitudes en plazas y calles abrían los telediarios.

Los acampados crearon comisiones y celebraron asambleas para ordenar la convivencia, fijar sus objetivos y estructurar su discurso. En síntesis, el Movimiento 15-M reivindicaba una democracia más participativa, con listas abiertas libres de corruptos y proporcionalidad de votos y escaños, con una disminución en los privilegios de los representantes públicos; soluciones a la alta tasa de desempleo que afectaba al 21% de la población y al 43% de los jóvenes; absoluta transparencia de la financiación de los partidos políticos; derecho a una vivienda digna para todos y fin a la sangría de desahucios; cese de las reformas educativas; instauración de la Tasa Tobin para transferencias internacionales; freno al poder del Fondo Monetario Internacional y del Banco Central Europeo; separación efectiva de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial y de Estado e Iglesia; desmantelamiento de centrales nucleares y más desarrollo de las energías renovables; recorte del gasto militar y cierre de las fábricas de armas; y recuperación de la Memoria Histórica.

Asamblea popular del día 19 de mayo de 2011 en la Plaça de l’Ajuntament de València. Foto: © Adolfo Senabre (CC).

#Spanishrevolution

La #spanishrevolution fue motivo de atención de medios de comunicación de todo el mundo y generó una corriente de simpatía dentro y fuera de España. Ciudades europeas y del resto del mundo replicaron las concentraciones y acampadas, como Occupy Wall Street en Nueva York. En un principio se decidió mantener la presencia al menos hasta después de las elecciones autonómicas —No les votes, no nos representan—, que se celebraron el día 22 de mayo y pillaron a los políticos con el paso cambiado.


Muchas de las acampadas permanecieron activas tras la cita electoral en un intento de prolongar una situación de catarsis y hermanamiento contra el sistema democrático y social. Las asambleas se celebraban en plena calle, las propuestas eran debatidas una y otra vez. La ciudadanía participaba en la toma de decisiones, se respiraba un ambiente nuevo, rebosante de euforia y compromiso.

Manifestación del 15-M en Barcelona. Foto: CC Wiros.

Cuatro semanas después del 15-M, #acampadasol decidió disolverse con el compromiso de mantener la lucha desde el confort del hogar. Unos días después ya no quedaban acampadas en España. La imposibilidad de prolongar una situación así se impuso al entusiasmo inicial. Fue el inicio del fin de un movimiento que enamoró por su nobleza y simbolismo pero que no supo sustanciar su revolución. Las que tuvieron éxito a lo largo de la Historia contenían dos ingredientes ausentes en el 15-M: violencia y liderazgo.